Daisy es el robot más avanzado de Apple para recuperar y reciclar piezas del iPhone

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En realidad, Daisy es la tercera máquina de este tipo que crea Apple. Todo empezó hace más de una década con Liam 1.0, un brazo robótico que era capaz de recuperar una docena de piezas clave de un iPhone 5.

Hacerlo le llevaba unos 12 minutos. Apenas podía desmontar cinco dispositivos en una hora. Un ritmo a todas luces insuficiente.

Su sucesor, Liam 2.0, consiguió ser mucho más veloz y eficiente. Para ello, su espacio de trabajo se multiplicó hasta los 30,4 metros, frente a los 12 del anterior. El proceso ya no dependía de un único brazo, sino que era ejecutado por casi una treintena de equipos diferentes.

Su especialidad eran los iPhone 6 y conseguía desmenuzarlos en unos pocos segundos para rescatar ocho componentes. Y en 2018 llegó Daisy, capaz de recuperar y separar un total de 11 partes. Al principio, trabajaba con todos los modelos comprendidos entre el iPhone 5 y el iPhone Xs. El pasado curso, este robot fue actualizado y ahora puede lidiar con cualquier modelo y versión hasta el iPhone 12.

Una de las claves de las mejoras logradas desde el primer Liam hasta la actualidad es que Daisy no tiene que desatornillar cada teléfono, sino que lo agujerea en puntos clave, algo que le ha permitido ser muchísimo más rápida.

¿Cómo funciona? Un operario se encarga de meter los iPhone viejos en un depósito.

 A través de una pequeña cinta transportadora, van accediendo al interior de la máquina. El primer brazo robótico, gracias una cámara y una serie de algoritmos, es capaz de reconocer si la pantalla está hacia arriba o hacia abajo. Es imprescindible que sujete los teléfonos por la parte trasera, así que si no se cumple este requisito deja pasar el terminal, confiando en que al dejarlo caer a la cubeta del principio y cuando vuelva a subir por la cinta, se dé la vuelta.

“Se estudiaron varias formas y esta resulta la más eficiente”, comenta Lenderick. Una vez se agarra el móvil, el proceso de deconstrucción ocurre muy rápido. La primera tarea es quitar el cristal delantero.

Daisy introduce una suerte de punzones en uno de los bordes y en un abrir y cerrar de ojos lo extrae. La segunda parada es la de la batería. Para ablandar el pegamento que une este componente a la placa no se puede utilizar calor, por la posibilidad de que se inflame alguno de sus compuestos. Lo que hacen es aplicar aire gélido, a menos 80 grados, para que el adhesivo pierda sus propiedades.

Luego se da un golpe para separarlo del cuerpo y la batería cae a una bandeja donde la recoge el operario de turno. Se coloca celo en la zona de los pines para evitar incidentes, se comprueba que no esté dañada y se guarda en un bidón junto a otras.

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