Juan Alberto Ochoa Sotomayor
Ya decía Mariátegui, en este país muy pocos tienen una posición y personalidad definida, franca, abierta y confiable, siempre con caretas, subterfugios. Eso lo trasladamos a distintas actividades, periodistas que juzgan sin mayor contrastación, aunque eso es preferible a tener una prensa parametrada o controlada por los poderes fácticos, jueces y fiscales que para ponerse en onda asumen un garantismo exagerado, cuando su cosmovisión ni siquiera roza el espíritu democrático liberal que es consustancial y la otra cara de la moneda que son los derechos humanos. Todo para estar a la moda con un “garantismo” de última hora sin tener sólidas bases jusfilosóficas cometen tantos desatinos como liberar a peligrosos y letales delincuentes bajo el prurito que para detenerlos o juzgarlos tienen que concurrir muchos elementos de convicción que acrediten su responsabilidad penal, soslayando la calidad de prueba, como el caso de delincuentes filmados cometiendo el delito que bastaría para juzgarlos, pero como están contaminados de un garantismo deformado, los liberan, desconociendo que ellos también son ciudadanos y cumplen un función de garantes de la seguridad y la paz social o cuando dilatan los procesos por largos años, en los delitos de corrupción de funcionarios llenando tomos y tomos de expedientes para que al final impongan penas benignas o prescriban sus delitos.
Esto merece una reflexión por parte de la academia y de los gremios abogadiles, porque desde la administración de justicia, también se construye democracia y bienestar, aunque muchos jueces y fiscales digan que ellos no hacen política. Los jueces y fiscales, en cualquier parte del mundo y sobre todo en el Perú viven en una especie de torre marfil, alejados de la sociedad, del pueblo, segúin dicen para no contaminarse con prácticas nada santas, sin embargo forman parte de una casta que hace uso de una porción del poder que da el Estado, por lo que blandiendo la bandera de la independencia no son dialogantes, no se comprometen en forma directa y militante con un proyecto nacional, ejercen su función en una especie de pista paralela, indiferente a los problemas que cotidianamente afrontan los demás ciudadanos, pero deciden la libertad, el honor y el patrimonio de los demás, sin embargo la fuerza de la realidad hace necesario otra actitud, otro compromiso de los jueces y fiscales con el desarrollo, de la sociedad, bajo los paradigmas de la democracia, el estado constitucional de derecho y la economía social de mercado como las métodos más logrados, hasta el momento, al que ha llegado la humanidad para una adecuada convivencia social.