Ciriaco Sosa, un artesano ayacuchano que ha dedicado más de 40 años al arte textil, afirmó que ser artesano es complicado y solo con dedicación se puede sobresalir.
Ciriaco nació en el Centro Poblado de Millpo, Vinchos, y heredó la pasión por el tejido de las generaciones anteriores. Desde su niñez, aprendió el arte del tejido.
El deseo de aprender lo llevó a explorar una variedad de métodos y materiales. Recuerda con afecto su estancia en Cuzco, donde perfecció la habilidad del teñido, algo que había observado en su familia pero que nunca había hecho por su cuenta.
Recuerda con afecto a la familia Aragón, quienes a pesar de su juventud lo aceptaron. Se desarrolló y aprendió más sobre el mundo textil con aquella familia. Además, afirmó que su conocimiento de la comercialización lo llevó a obtener reconocimiento local e internacional.
Este período de aprendizaje marcó un hito en su carrera porque le dio habilidades adicionales que mejoraron su repertorio artístico.
Después de encontrarse en Cuzco, regresó a Huamanga y, gracias a un amigo que le ofreció trabajo en Lima, optó por dejar a la familia Aragón para seguir su carrera artesanal en Lima.
Sin embargo, en su camino como artesano, no todo fue fácil. Ciriaco reconoce las dificultades que enfrentan los artesanos locales, incluida la falta de apoyo del gobierno y la disminución del turismo internacional, lo que disminuyó la demanda de sus productos durante eventos como la Semana Santa.
A pesar de estos obstáculos, Ciriaco continúa creando nuevas formas de arte. Su taller en Santa Ana produce artículos originales que combinan la tradición con la innovación, como cojines que se inspiran en la manta ayacuchana tradicional.
Además, tiene la intención de establecer una oficina de certificación de origen y fomentar el arte textil de Ayacucho a nivel nacional e internacional.
El maestro Ciriaco extiende una invitación a los interesados a visitar su taller en Santa Ana, donde podrán conocer su trabajo.